Él y ella.

Él y ella.

Élla esta recostada boca abajo sobre la orilla de la cama, despierta. No sabemos quien es, no sabemos su nombre, pero la vemos ahí, sobre su costado. Con el rostro molesto semioculto por la almohada, una mano frente a la cara, ocultándole un poco más, la otra mano a la altura del vientre, acariciando involuntariamente la sabana que casi ha caído al suelo. A su espalda al otro lado de la cama la puerta de la habitación.

Él entra lentamente, se detiene casi al entrar y se recarga en la pared, -hola- dice, ¿estas despierta? Claro, ¿que pregunta? ¿Como habrías de dormir?

Ella no contesta; sigue ahí, ya no acaricia la sabana. Él –lo siento… lo he dicho muchas veces lo se, ahora es cierto, no volverá a suceder; también lo he dicho muchas veces, de verdad, ahora es cierto, no se que me pasa, te amo, pero-

Ella, levanta un poco la mirada, mira el reloj que con rojos números anuncia las 8:55, ella vuelve a la posición anterior.

Él –no paso nada sabes, los amigos, al salir del trabajo, no paso nada, te amo, ahora lo sé, siempre lo he sabido, lo que no se es por que me costaba tanto trabajo estar aquí. Contigo. Cuando te conocí. -Suena el despertador-.

Ella se levanta mecánicamente y lo apaga, sigue molesta. Camina unos pasos y se sienta a los pies de la cama frente al tocador, donde encuentra una foto de su boda, toma la foto y la ve nostálgica. No lo escucha.

Él, -cuando te conocí no podía creerlo, nunca había visto una mujer que me hiciera sentir lo que sentí al mirarte, con aquel vestido gris que se ceñía a tu cintura, el tiempo se detuvo. Podía ver tu cabello flotando en el viento y tú también flotabas, o eso me parecía-ella sigue sin escucharlo, ya no mira el retrato, voltea al lado contrario de donde el esta. -eres un idiota, imbécil-.

Él mira hacia abajo, –lo se-.

Ella se levanta y lanza la foto a la cama, va hacia el baño que esta justo fuera de la habitación. Pasa junto a él sin voltear a verlo. Entra al baño, él la sigue y se detiene en la puerta del baño, ella deja correr un poco el agua para que se temple mientras se desviste.

Él –sigues tan bella como entonces, perdón por no decirlo antes, tengo la misma sensación ahora, la misma sensación de aquella vez. Y en este momento amo mas que nunca tu andar, tu piel, tu risa… Tienes razón, soy un imbécil, te debí decir todo esto antes, y no esperar… que pasara esto-…

Ella entra a la ducha.

Él la admira mientras el agua corre por su piel…

En ese momento gritos y golpes en la puerta del apartamento, ella sale se viste como puede y baja a abrir la puerta, es su vecina que acaba de regresar de correr, ha visto algo, terrible, un auto volteado, en llamas. Lo reconoció y vino a avisarle.

Ella cae de rodillas con la sorpresa en el rostro, y las lagrimas le presionan por dentro, quieren salir, pero no saben como…

Él no se sorprende, se sienta en la cama y observa la foto que ella lanzo mientras se ocupa en disolverse en una nube de polvo ardiente.

Él ya no esta.

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